Sentirse sola y empezar a pensar...
Comerse
la cabeza por cosas improblables, cosas que no pueden suceder, que son
prácticamente imposibles... Y que por culpa de tu constante debilidad,
te hacen caer una y otra vez.
Con
cada caída, una herida nueva. Y junto a las demás, dolor. Un dolor
terrible, insoportable, que es incapaz de ser calmado por nadie...
Cuando
te das cuenta, ya no puedes escapar. Tu mundo se destruye, tu vida... y
tu corazón. Todo pasa a estar en manos de la depresión, de la tristeza
y... la muerte.
Muchas
veces se ha dicho "No te ahogues en un vaso de agua", pero hay muchas
personas que no sólo en un vaso, sino en una simple lágrima. En gotas de
lluvia que emanan de tus ojos, y que te impide ver el buen camino.
Y
cuando eso ocurre, lo mejor que puedes hacer es confiar en las personas
que te quieren, que te apoyan, en las de verdad. En esos amigos que
estarán ahí pase lo que pase, que no te van a abandonar aunque por culpa
de las lágrimas veas tu imagen distorsionada...
Porque ellos poseen una vista aún más allá de los ojos: la del corazón.





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